capítulo # 19 Valentina

vale

No dejo de desearla pues cada vez que se va de mis brazos quedo con sed, mi piel seca necesita que su cuerpo la hidrate con solo un simple rose, ella es la sonrisa de mi alma y sus manos el camino más corto al paraíso.

Con locura nos amamos y nuestros besos son puentes que conectan a cada uno a lo mas profundo del alma, no hay nada mas perfecto que defina lo que sentimos con el rose de nuestros labios y las miradas envueltas en llamas hablando por si solas, nuestras manos son moldes perfectos que habilitan un portal a lo desconocido, son tan parecidas que encajan perfectamente.

Sus cabellos dorados parecen sol, y me van llevando lentamente a la seducción sin resistencia alguna, las cosas resultan fáciles cuando estamos juntos y muy difíciles cuando no nos vemos, hay semanas que pasan cinco días sin vernos y eso es una tortura total pues ninguna otra mirada me cautiva mientras ella no está, no es nada fácil estar en ese vacío que provoca nuestra distancia donde nuestros abrazos se vuelven esclavos del tiempo.

Nunca sonreí tanto en relaciones pasadas, y no es que no haya puesto lo mejor de mí, es solo que las cosas de la vida ya están escritas y lo nuestro fue un hecho que queda escrito con letras de oro; termine o no, ya sea para bien o mal.

Siempre estoy pensando en ella, mi primer pensamiento al despertar y mi sueño mas deseado siempre es ella, una y otra vez la recuerdo como la vez primera, es para mi la flor mas bella de la primavera, mi encanto que día a día me promete más y más sin poder detenerse, como una estrella fugas rumbo a su destino.

No se detenerme cuando mis labios tocan los suyos y mis manos que conducen a un abismo de pasión encendiendo hasta llegar a una flama eterna que me despierta deseos cada día, el deseo de oír su voz y poderla amar infinitamente con locura hasta perderme por un momento.

Solo es ella la que en un suspiro me da una vida prometida, siento su dulzura cuando me ama y nuestro reloj se paraliza en el preciso momento que nuestras almas se conectan, no existe un segundo mas cuando pasa eso, y nadie más está en nuestra mente. el firmamento es testigo de todo lo que hacemos.

Hacerle el amor y sentir su piel es casi tocar el cielo, la suavidad de su piel mejor que un terciopelo, abrazarla en su desnudes es sentir que no existe un mañana y que nada mas es mas importante a la hora de amarla. Me olvido del ayer cuando me pierdo en cada una de sus curvas y pierdo la razón cuando acabo con suspiros pidiéndole que no se marche de mi lado.

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